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Canciones

Baquiné de Angelitos Negros

Baquiné de Angelitos NEgrosEl mundo era un paraíso de tiranos, donde no existía lugar para ángeles negros, hasta que a cierto poeta tropical se le ocurrió acusar a la historia de racista y demandó la presencia de deidades de color en relatos y murales. El mundo era un lugar lógico, hasta que un tal Willie Colón concluyó que si había ángeles negros también podía haber ballets latinos inspirados en funerales africanos. El mundo ahora es ese lugar extraño donde, algunas veces –quizás muy pocas- suena el ‘Baquiné de Angelitos Negros’.

En 1977, Willie Colón ya tenía la suerte de ser Willie Colón. Más de 15 años de carrera y millones de dólares encauzados hacia las arcas de Fania Records lo convertían en una estrella, uno de esos tipos a los que no es fácil decirles No. De lo contrario, su idea de transformar un poema en el primer ballet en salsa de la historia habría sido burlada, condenada y archivada, en ese orden. Pero, por suerte, en 1977 Willie Colón ya era Willie Colón.

Casi dos décadas antes, un irreverente poeta venezolano llamado Andrés Eloy Blanco había convertido su hartazgo en verso condenatorio del racismo para llorar la mala suerte de los bebés negros, ignorados en la tierra pero también en el cielo, olvidados por la política y por el arte. Esos mismos versos inspiraron a Willie Colón a componer un ‘baquiné’, la voz africana con la que se identifica precisamente el funeral de un menor.

El poema de Eloy Blanco debió haber dejado a Colón sin palabras, pues de ellas carece completamente la obra, dividida en 12 temas, incluyendo una abertura y un finale. El álbum está atravesado por esa tristeza alegre que caracteriza gran parte de nuestra cultura y que encuentra en el cuatro de Yomo Toro la voz campesina de ese llanto: cada acorde es una lágrima que se derrama por el rostro desahuciado de la madre.

 ‘Angustia maternal’, el tema que abre el álbum, es un canto de furia cósmica, donde pareciera que Colón recoge la voz de Blanco y empieza a transformar las voces que callan en protesta: de hecho, los primeros 28 segundos son un silencio funerario roto por una trompeta llorona e incesante, cada vez más rabiosa, desquiciada por acordes de violín que se atraviesan de un lado a otro como flechas, mientras los tambores abrazan la soledad.

Es el violín de Alfredo de la Fe, tal y como se lo escucha en ‘Son guajira del encuentro’, quien peina las cuerdas con la única compañía de un cuatro en principio timorato y una clave que se repite incesante, cuasi representación de la cronicidad de la injusticia, esperando ser desplazada por los frotes violentos del arco o las tonadas, a este punto más decididas, del cuatro. Un final abrupto cierra cada uno de los temas esenciales del álbum, como pidiéndonos una conclusión definitiva de la desgracia.

Decía Borges que “Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla”. En el Baquiné se mete en acto este mecanismo de sustitución-enfatización, pues se trata de un homenaje a la palabra donde la palabra como tal está totalmente ausente y se hace desear hasta la exasperación. Las palabras nunca sobrarán mientras exista la injusticia, pero al mismo tiempo sobran cuando esas injusticias son tan evidentes que impidan que angelitos negros lleguen a los muros de una iglesia. La falta de palabra en el Baquiné es esa protesta cuyo silencio es tan ruidoso que no puede seguir impune.

El Baquiné tiene protesta pero también una cotidianidad fresca como la que irradia Camino al Barrio, el tema que se encargó de convertir a este álbum en una pieza inolvidable de historia latinoamericana, pues allí cada instrumento se suma a una composición que parece dibujar sobre un lienzo el paisaje urbano del día a día, con sus fracasos y aventuras, atravesado por una figura silenciosa que se instala allí, en el Barrio, como parte funcional de ese panorama capaz de infundir temor y esperanza simétricamente.

‘Camino al barrio’ fue una suerte de éxito maldito en el ‘Baquiné de angelitos negros’, pues su majestuosidad terminó por opacar el conjunto de una obra pensada para ser contemplada como un todo. El objetivo del autor tenía tintes utópicos, pues el mercado exigía hits cortos, rápidamente consumibles y acabar con esa dinámica de fragmentación en una sola obra era imposible. Sin embargo, en ese tipo de consumo habitual logró que se apreciaran obras que se distanciaban de la canción habitual de la época como ‘Apartamento 21’.

El álbum tiene un cierre esperanzado de celebración, casi de canto de elevación celestial, con una batucada que termina abruptamente cual encargada de regular la dosis de alegría, como un memorando de la superficialidad de la sonrisa. El tema se llama 8TH Avenue y es subtitulado como “El fin”.

Es imposible callar porque el silencio no existe. Cuando es protesta, el silencio retumba con la fuerza de un timbal brasileño y cuando es indiferencia se transforma en un violín lacerante que nos alcanza cualquiera que sea el lugar donde nuestras palabras se hayan refugiado. La muerte de un niño es la definición de la tristeza y la de un niño que nunca lloraremos lo es de la injusticia y ante una injusticia siempre habrá forma de hacernos escuchar, inclusive cuando decidimos no hablar.

No obstante, el silencio puede no bastar y hay que arrimarle partituras que lo hagan más extraño, más absurdo, más precioso. Un ballet en salsa lo es, como lo era también una ópera como Hommy de Larry Harlow o Maestra Vida de Rubén Blades. De esa misma forma, el ‘Baquiné de Angelitos Negros’ es silencio, protesta y arte.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

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