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Artistas

El norte de la Sonora Ponceña

La Sonora Ponceña en la tapa del álbum 'Greatest Hits' producido por FaniaNorte y Sur son dos conceptos subjetivos institucionalizados por la historia. Es una forma de ver la Tierra impuesta  por la cartografía y nos hace pensar que si alguien viera el planeta desde afuera, indefectiblemente, vería el Norte arriba y el Sur abajo, lo cual es falso.

Sin embargo, esta falsedad es la madre de un antagonismo recurrente a lo largo de cualquier punto cardinal: el Norte contra el Sur, los de Arriba contra los de Abajo. Hoy vamos a hablar de una de estas batallas eternas, a la que auguramos jamás encontrar una tregua, porque esta es la historia de cómo el Sur quiso alcanzar al Norte con una sonora, la Sonora Ponceña.

Puerto Rico no es una isla grande. Su tamaño equivale a la mitad del Gran Buenos Aires y su población es de tan solo 3 millones de habitantes. Pese a esas dimensiones acotadas, la música produce un efecto multiplicador entre su gente, tanto que se dice que en Borinquen –el vocablo con el que los pueblos originarios llamaban a la Isla- “hasta las piedras cantan”. Y en un lugar donde hasta las piedras sueltan versos, es fácil imaginar la rivalidad por establecer cuáles son mejores. Y como en el resto del globo, esa rivalidad fue geodeterminada: entre el Norte y el Sur.

En el norte de Puerto Rico está San Juan, la capital, que inclusive en un país pequeño es objeto de adoración y recelo, por esa costumbre tan latinoamericana de la centralización de los recursos. Allí está el Gran Combo de Puerto Rico, identificado con todos los adjetivos grandilocuentes que se puedan imaginar: Universidad, Institución, Monumento, Catedral, etc. Pero al Sur hay un pueblo que también tiene su encanto.

Ponce, una ciudad de menos de 150 mil personas, debe poseer uno de los mayores índices del mundo de éxitos musicales por cantidad de habitantes. Héctor Lavoe, Cheo Feliciano y Pete “El Conde” Rodríguez, entre otros, conforman la leyenda de este territorio mítico de la cultura afrocaribeña, que además de los ya mencionados, reunió en una orquesta a lo más selecto de su producción musical. ¿Su nombre? La Sonora Ponceña.

La Sonora Ponceña es la orquesta detrás de éxitos como “Fuego en el 23”, “Hacheros pa’ un palo”, “De qué callada manera” o “Bomba Carambomba”. Nació morena, como uno de sus temas, en 1954, su madre –proclamaría luego- fue la rumba y el sabor lo heredó del guaguancó. Influenciada por la otra Sonora, la de Matanzas, Cuba, conocida como la Sonora Matancera, la Ponceña nació en 1954 fundada por Enrique Lucca Caraballo, más conocido como “Don Quique”.

Si se le pregunta a Don Quique por la fecha de fundación de su orquesta, sin dudarlo va a responder que fue en 1944 cuando fundó la Orquesta Internacional. Sin embargo, la refundación de su orquesta bajo el nombre de Ponceña se daría 10 años después y el éxito que los lanzó a la fama llegaría en 1968 con “Hacheros pa’ un palo”.

La edad siempre será protagonista en la historia de la Sonora Ponceña. Por un lado está Don Quique, quien en diciembre de 2012 llegará a los 100 años de vida. Por el otro, está su hijo Enrique, el célebre Papo Lucca, quien cuando tenía solo 12 años debutó con el teclado en la orquesta del padre y se convirtió desde entonces en uno de los mejores exponentes de ese instrumento en todo el Caribe.

Somos diferentes porque hacemos cosas diferentes. Con esa simpleza Quique Lucca solía describir la receta del éxito de la Ponceña y no se equivocaba. Pese a que su música representaba el sonido de la entraña de Ponce, sus notas se atrevieron a jugar con el latin jazz, homenajear a la trova cubana y en una hasta visitaron a la cumbia colombiana.

Salir de Ponce, tocar base en Nueva York y recorrer América Latina no los alejó del sonido autóctono de su pueblo del meridión boricua. La Ponceña fue aún más jíbara cuando reforzó sus nexos con la cumbia o el jazz y redescubrió su esencia afrocaribeña cuando le rindió homenaje al cubano Arsenio Rodríguez y éste les devolvió uno de sus mayores éxitos, ‘Fuego en el 23’.

Y es que el credo de la Ponceña siempre fue la unidad: conscientes de que su éxito en los distintos rincones latinoamericanos era el resultado de un pueblo dividido que se rencontraba a través de la música, le cantaron a esa hermandad y la fomentaron en cada uno de sus temas.

El perpetuo antagonismo entre Norte y Sur es una de esas peleas incoherentes que una parte de la humanidad ató a su desgracia porque pretende que la historia sea una determinación estática con individuos que mueren donde nacen. La música los desmiente. Viaja de un lado al otro y nos transporta, nos hace desear, nos lleva a estar, primero con el sueño, luego con los pies. Lo hizo la Sonora Ponceña que desde su Sur conquistó todos los puntos cardinales e incorporó lo mejor de ellos en uno solo, como una brújula que perdió su Norte pero encontró su rumbo.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

Comentarios

Un comentario en “El norte de la Sonora Ponceña

  1. Hola, Juanfer

    Te escribimos desde el Norte del Sur.

    Excelente programa, es un gusto escucharte y aprender de una de las grandes raíces de nuestra identidad como latinoamericanos: La Salsa.

    !Felicitaciones!

    Muchas gracias.

    Willy y Beata

    Publicado por Willy | octubre 6, 2012, 7:05 pm

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