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El romance (no tan) secreto de Jairo Varela

Jairo varela con el Grupo NicheItalo Calvino fue el primero en revelarlo: las ciudades son mujeres que nos atraen, nos hacen enamorarnos u odiarlas. LA historia de las artes está llena de célebres romances entre autores y ciudades: Fellini y Roma, Joyce y Dublin, Gaudí y Barcelona… Hoy vamos a hablar de otro romance célebre, uno que aún no ha llegado a los museos ni es objeto de adoración entre la cultura de élite. Hoy vamos a hablar de Jairo Varela y Cali.

El pasado 8 de agosto Jairo Varela murió en Cali luego de un infarto fulminante que se llevó a uno de los músicos más amados, pero también más polémicos, de los últimos años en Colombia. Varela fue el fundador del Grupo Niche, célebre en todo el Caribe, por el orgullo con que exportó la negritud de su raza y de su música y por transformar a Cali en una ciudad que no hay que caminarla para conocerla, basta con bailarla.

Jairo Varela es la personificación del triunfo y la derrota de la zona más marginal de Colombia, Chocó, un rincón sudamericano de pobreza endémica africana, de donde el hombre que se ganó a pulso el título de “maestro” brotó para imprimir canciones inolvidables en una época de talento y perdición.

Varela nació en Quibdó el 9 de diciembre de 1949, pero su grandeza se construyó en Cali: allí creó un estilo que se conocería como “salsa caleña” para diferenciarla del sonido que venía de San Juan, Nueva York, Caracas, Lima y Medellín. En su música los metales fueron tan agudos como los coros a los que él convirtió en los verdaderos protagonistas de sus canciones, al punto que les encargó abrir sus éxitos más memorables: “Cali Pachanguero” y “Del puente para allá”, entre otros.

Músico, compositor y empresario, Varela convirtió al Grupo Niche en orquesta, marca y símbolo. Con su música describió mejor que nada un territorio, lo recreó: Cali, Juanchito, Buenaventura, la Avenida Quinta, adquirieron en nuevo significado en las letras de sus canciones, impregnadas también de la salsa romántica con la que el género afrocaribeño empezaba a naufragar, pero que en sus notas guardaban un misterio, onirismo, como “Nuestro sueño” .

En una época en que el talento musical que representó la Fania comenzaba a languidecer entre erotismo y notas monótonas, el Grupo Niche logró un puente entre ambas corrientes.  Su gran éxito comercial le permitió inclusive en 1986 fichar a Tito Gómez, exvocalista de la orquesta de Ray Barretto y de esa forma unir la realidad neoyorquino-boricua a la caleña. Fue una época de oro en Cali, donde llegaron a existir hasta 50 orquestas que viajaban por el mundo exportando el sonido que venía del valle del río Cauca, de esa ciudad que llenó de collares con temas que ni el más estratégico spot publicitario hubiera podido hacer tan atractiva como “Cali Ají”

Niche es símbolo, de Cali, de Colombia, pero también de una época en la que en este país sobró el talento en todos los espectros: en el deporte, en la música y en la pintura; pero también en el crimen. Es la época de Niche, pero también la época del Cartel de Cali; es la época de la Selección de fútbol de Maturana, pero también de Pablo Escobar; de Fernando Botero, pero también de bombas escondidas dentro de sus esculturas. La época del ying y el yang en Colombia, nunca tan cómplices como entonces.

El mismo Varela estuvo en la cárcel pagando por una presunta connivencia de la cual si acaso somos culpables todos los colombianos, pues su delito fue el de aceptar plata del narcotráfico, en un momento donde quizás era la única plata que circulaba en el país. Envidia de la Cali blanca contra la Cali negra bramó Varela, quien pasaría cuatro años en prisión. Es difícil imaginar esos años de encierro, quizás se volvió más nostálgico allí y se imaginó volviendo a su Chocó a bordo de una canoa.

La “Canoa Ranchá” permitió a Niche sobrevivir en uno de sus años más difíciles y ni siquiera necesitó de la salsa para hacerlo. Clamando justicia, él mismo hizo justicia al devolver la cumbia a su raza negra, renovada con una letra cuasi cifrada para sus dueños originales y un ritmo que una vez más le permitió ser llamado maestro.

El 8 de agosto de 2012 no solo murió Jairo Varela. Con él también se va el último gran compositor de la música afrocaribeña, el único capaz de competir en reconocimiento con la voz principal del disco, esa figura a través de la cual el mercado secuestró el género desde mediados de los 90 y condenó al anonimato a los músicos. ¿Qué será de la música colombiana sin Jairo Varela? A partir de hoy lo vamos a saber.

Les habló Juan Fernando Rodríguez Escobar para Vientos del Sur, por AM530, La Voz de las Madres. Buen fin de semana para todos.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

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