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Ritmos

Las dos almas del mismo mundo

Foto de estudio del percusionista Mongo Santamaría

Mongo Santamaría, padre del latin soul

En la década del 60, Fania Récords fue el sello musical que aglutinó los principales ritmos musicales del Caribe, así como a las más importantes figuras de esos géneros. A menudo fue llamado “el Motown de la música latina”, en alusión a la discográfica que hizo lo propio con el soul afroamericano. Pero ambos movimientos compitieron y convergieron, al mismo tiempo, dando origen a un nuevo género: el latin soul.

Si vamos a hablar de latin soul tenemos que hablar de Mongo Santamaría, el gran percusionista y director de orquesta nacido en Cuba en 1922, quien es dueño de una discografía compuesta por más de medio centenar de álbumes.

Santamaría puede ser considerado el fulcro entre lo afroamericano y lo afrocaribeño, principalmente porque introdujo elementos de un mundo en el otro. A finales de los 60, por ejemplo, decodificó un éxito del jazz como “Watermelon Man”, obra del legendario Herbie Hancock, en términos puramente latinos. Es autor inclusive de acciones más vertiginosas, como aquella vez que convirtió “Sittin on the dock of the bay”, de Ottis Redding, en un son de congas, trompetas y traversas.

El otro gran nombre del “latin soul” es Ray Barretto, de quien ya nos hemos ocupado ampliamente en esta columna. El “Rey de las Manos Duras” le dio una identidad más fuerte al latin soul y le puso el sello del boogaloo. Fue Barretto quien definió algunos de los aspectos que luego serían canónicos del género: la voz en inglés, la preponderancia de la percusión y la cadencia jazzera del piano.

Antes de desembarcar definitivamente en el latin jazz, Barretto nos regaló algunas de las mayores joyas del género que él fundo junto a Mongo Santamaría, con cuya vida tiene paralelismos que, sin dudas, los definieron a ambos, como haber tocado para Dizzie Gillespie y Tito Puente. Ambos protagonizaron un duelo de congas histórico en el también histórico concierto de Fania en 1973 en el Yankee Stadium de Nueva York.

Otro concierto inolvidable para la historia del soul y el latin soul fue el que protagonizaron las principales figuras de ambos movimientos en Zaire, en 1974, a propósito de la pelea entre George Foreman y Muhamad Ali. Se trató de un retorno al continente negro, con lo mejor de su música: James Brown , StevieWonder y B. B. King, por un lado, y Lavoe, Pachecho  y Celia, entre otros, por el lado afrocaribe.

El latin soul también tuvo figuras pasajeras, pero que dejaron una huella imborrable en el género. Una de ellas fue Luis Áviles, quien junto a su orquesta “Latin Blues Band” dieron vida a un álbum hito de esta rama de la música afrocaribeña: “Take a trip pussycat”, en el cual brilló especialmente el tema “I’ll be a happy man”.

Este album de Aviles es la inspiracipión de Dave Cortez y Moon People para una canción que serviría a darle otro nombre a este género, “Happy Soul”, el soul feliz.

Johnny Colon es otro de los nombres a tener en cuenta en esta compilación de latin soul. Nacido en Nueva York, de padres puertorriqueños –tal y como sucede con este género-, Colón tuvo cinco años de una producción musical increíble que luego apagó para crear la East Harlem Music School, o la Escuela de Música del Barrio, el primer conservatorio en el mundo para la música latina. Antes de su retiro a la docencia, Colón nos dejó un tema icónico como “Boogaloo Blues”, entre otros temas.

Una personalidad más puertorriqueña, más boogaloo, se la dieron al latin soul los Hermanos Lebron, quienes en su álbum “Brooklyn Blues” otorgaron lo mejor de su repertorio para este género. Allí encontramos canciones como “Let’s get stoned”, “Money can’t buy love” y “The Village Chant”.

Los “hispanics”, que no son más que nuestros parientes que arrastrados por la necesidad económica migraron hacia el norte del continente, solo llevaban manos para trabajar y pies para bailar, porque el ritmo vino con ellos. Cuando llegaron allí se encontraron con una música que tenía alma y la cantaban individuos con un tono de piel muy parecido al suyo. Sin embargo, algo le faltaba a esa alma, algo que impedía sentirla como propia.

En ese momento, miraron hacia sus equipajes y encontraron el condimento que faltaba, así nació el latin soul y gracias a él una tierra que los miraba con frío y lenguas extrañas, empezó a ser propia, y les permitió tender puentes hacia quienes habían dejado al partir.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

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