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Artistas

Nelson y sus estrellas y la fundación de Cali

Nelson González, director de Nelson y sus Estrellas

¡Juégale Nelson! Nelson González, el director de Nelson y sus Estrellas

Nelson González nunca había escuchado hablar de Cali cuando en 1969 fue invitado al concierto principal de la Feria de la Caña. Nelson González nunca había escuchado hablar de Cali porque hasta el 26 de diciembre de 1969 esa ciudad, clavada en el valle del río Cauca, no existía. Cali nació ese día, por más que un barbudo colonizador español asegure haberla fundado cuatro siglos antes, la salsa fundó a Cali y la salsa llegó a Cali en ese último año de la década del 60.

Nelson González es “el  Nelson” de Nelson y sus Estrellas, la orquesta venezolana, radicada en esa ciudad que inauguró junto a Richie Ray y Bobby Cruz en un concierto de la Caseta Panamericana, que ahora vive más en la conciencia que en la memoria de quienes allí estuvieron, pues la magnitud de la historia perdió la carrera ante los efectos de ciertas sustancias que luego hicieron olvidar.

Pero Nelson González recuerda perfectamente ese día. Nunca olvidará la forma en que Richie Ray lo tomó de la mano y lo invitó a que sus ojos vieran a 19 mil personas bailando como si ya celebraran el nacimiento de ese ritmo que hizo de Cali lo que es hoy. Porque Cali sin salsa, no es Cali, por ese motivo antes de Nelson, simplemente Cali no existía.

“Ahora parece poco pero en ese entonces la música se tocaba en salones que, como muy grandes, tenían capacidad para 3 mil personas”, compara Nelson, iniciando el relato de cómo su música cautivó a un territorio que luego lo cautivó a él.

“Que a mí me dijeran Cali era como que me dijeran Bruselas”, explica el maestro González, recuerdos de una época en que jamás imaginó estar creando canciones que cual seres dotados de autonomía viajaron a donde quisieron y en una de esos rondas llegaron a Colombia y allí se aparearon y multiplicaron para seguir su camino a distintos rincones del mundo.

Nelson González tiene más motivos que la inauguración de la música afroboricua en Cali para asegurarse un renglón en la historia de Colombia y el Caribe. “Yo le enseñé a bailar a toda Colombia”, recuerda el maestro y director de orquesta, autodidacta, nacido en Caracas en 1946. Semejante afirmación, que pareciera osada en una tierra donde los niños primero aprenden a bailar y luego a hablar, puede ser corroborada por Fruko y sus Tesos o por la música de Joe Arroyo, ambos nunca dudaron en llamar a Nelson “maestro”, principalmente porque su mayor inspiración fue el tema “Payaso”.

Para nuestro orgullo colombiano, pueblo liberado por un venezolano, que haya sido igualmente un venezolano nuestro maestro de baile es un dato difícil de asimilar, pero en realidad lo que hizo Nelson fue enseñarnos a mover los pies con las herramientas que ya teníamos incorporadas.

En cierta medida, la tarea de Nelson fue más la de un pintor que la de un músico, pues fue la mezcla –de ritmos e instrumentos- lo que le permitió llegar a los pies, primero de los colombianos, y luego de ecuatorianos, peruanos y después franceses y hasta ingleses.

“Yo siempre he sido muy fiel al concepto de salsa y el concepto de salsa es mezcla: bossa nova, guaguancó, porro, samba, mi música siempre fue el resultado de esas combinaciones”, asegura.

Fue entonces que Nelson acudió al porro y al bolero, al sanjuanero y al rock, para acercar a los bailadores y a los “Bailaderos”, a los que después homenajearía en ese tema de una melancolía pegadiza que no se puede consentir solo una vez.

“En ese aspecto fue clave “Llora corazón”, un bolero que le encantó a todos los colombianos, y con el cual pudimos salir también de Cali y llegar a Bogotá, Medellín y la costa, donde después empezarían también a bailar salsa“, dice Nelson, quien asegura que este género afroboricua tiene muchas dificultades en poder entrar a nuevas tierras.

“La gente tiene miedo de bailarlo y es normal porque es muy difícil hacerlo”, sentencia. Para él la clave es “Llora corazón”, para llegar de lo conocido a dominar lo desconocido.

Del concepto de mezcla también nacieron temas como “Llorándote”, cuya letra original deriva de unas coplas puertorriqueñas a las cuales Nelson integró un piano de sonidos hondos, como lágrimas pesadas que caen sobre esa colcha, en una de las tristezas más alegres de toda la historia de la música.

La mezcla, que definió la música de Nelson y la de tantos otros músicos de una época dorada para la música afrocaribeña, es hija de la imaginación, quizás la palabra que más define el repertorio de esta orquesta, pues muchas de sus canciones más inolvidables son una invitación al sueño, la leyenda o la aventura. Escuchar a Nelson es viajar por Londres, soñar con las montañas de Caracas, enamorarse de una caleña de labios rojos, inclinarse ante un emperadorcito y ver sirenas.

“Ese fue un concepto que tomé de Freddy Mercury, quien criticaba a los videos porque las canciones tienen que ver es con lo imaginación, ya que la imaginación es creadora. El video te da la canción hecha, grabada y filmada. Se acaba la evocación”, manifiesta.

Tal vez entonces, no sea casualidad que uno de los temas más exitosos de Nelson y sus Estrellas sea Londres, una canción que nace de una exploración de los ritmos árabes que el director de la orquesta hacía en esa época y de la cual hoy por hoy recibe jugosas regalías, principalmente, de Francia. Salsa, Arabia, Inglaterra, Francia… Nelson no nos miente, lo suyo es la mezcla.

Nelson González es una persona que mira con orgullo su historia, que en parte está ligada a la de un país como el suyo o el nuestro. Ese orgullo está nutrido por episodios como el reconocimiento por parte del Senado de la República de Colombia por su aporte a la cultura del país; o por aquel episodio en que quiso que le regalaran diez discos suyos y le dijeron que no quedaba ni uno; es el mismo orgullo que lo lleva a asegurar que no extraña a Luis Felipe González, su hermano y voz de los temas principales de su repertorio y quien decidió hacer carrera por su cuenta.

Ese orgullo fue el mismo que le permitió a toda una época viajar, aunque la plata solo les alcanzara para comprarse un disco y no un pasaje. Es que hubo una época en que los pies se movían al ritmo de melodías que los seducían con historias de tierras lejanas y exóticas, de personajes legendarios en sus glorias o tristezas. Escuchar una trompeta era como atravesar el océano, mientras que el piano y el timbal tendían puentes que la imaginación atravesaba con la ayuda de piernas que dibujaban pasos imposibles. Sin embargo, lo imposible era no soñar con una sirena, un barco o una leyenda indígena. Hubo una época en que lo imposible era escuchar a Nelson y sus Estrellas y no bailar.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

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