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Canciones

Nuestros pies bailaron, nuestros corazones viajaron

"Dando en el blanco" de Nelson y sus Estrellas

Bailo, luego viajo

La lectura es un hábito sobrevalorado. En una región como la nuestra donde hay más de 73 millones de personas analfabetas, leer es un lujo reservado para pocos. Por lo cual, el rol de la lectura como medio de transporte que permite a la mente viajar a lugares a los que su presencia jamás podría cubrir, tuvo que ser asumido por otra prótesis humana, a saber, la música.

La música afrocaribeña del Caribe, en los años 60 y 70, fue el primer género en la historia de nuestro continente que unió a los latinoamericanos en torno a un mismo producto cultural desde Nueva York hasta la Patagonia; pero al mismo tiempo, fungió de “máquina de los sueños” para todos sus oyentes por igual y les dio la dimensión del espacio: pintó en sus mentes la América Latina.

Gracias a la música, en la voz de Héctor Lavoe, por ejemplo, nos enteramos de la existencia de una perla clavada en el Caribe en la que “sale el sol primero” y los poetas se mueren soñando.

Los Caseríos, como se conocen las viviendas populares de Puerto Rico, o el Yunque, uno de los bosques tropicales más exóticos del mundo, se cuelan en el relato de Lavoe, quien exhibe al mundo las bellezas de su “Isla del encanto” a ritmo de guaracha.

Y como “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”, como manifestó la poetisa puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, la Isla también recibió homenajes de casi todas las voces del momento, también la de Héctor Lavoe, un jibarito que le cantó a Cuba en “Habana”. Sin embargo, la voz que transportó a gran parte del Caribe a través de las distintas poblaciones cubanas fue la de Celia Cruz.

En “Canto a La Habana”, Celia Cruz y Johnny Pacheco, nos llevan por Matanzas, Santiago, el Valle de Yumurí, Camagüey y los Arcos de Canasí, pero nos aterrizan en la capital cubana, que “no admite comparación”, como ellos mismos cantan.

Sin embargo, el principal destino de la música del Caribe está ubicado paradójicamente en el Pacífico: hablamos, por supuesto, de Cali, la ciudad donde más permearon los sonidos afrocubanos y afroboricuas durante los Años Dorados y por la cual se inspiraron extraños como Richie Ray y Bobby Cruz, pero también propios como Piper “Pimienta” Diaz.

“Cali es Cali, lo demás es loma”, una de las frases de “Las caleñas son como las flores” de los Latin Brothers, en la voz de Pimienta, se convirtió casi en un símbolo de la ciudad del Valle del Cauca, aunque quizás no tanto como “Cali Pachanguero”.

En La Canción, el himno más conocido de esta ciudad colombiana, el Grupo Niche exhorta a que “todo el mundo” le cante y “todo el mundo” la mime, y a juzgar por el centenar de temas dedicados a la ciudad y sus mujeres, parece que el mensaje fue bien recibido.

El mundo escuchó de los labios rojos de las caleñas gracias a la voz de Felipe González con la orquesta de Nelson y sus Estrellas, un conjunto venezolano que también hizo de la nostalgia por Caracas un tema inolvidable, “La canción del Viajero” .

Nelson también nos llevó mucho más lejos y por él supimos de un lugar llamado Londres.

La música también colonizó lugares ajenos, o que gracias a ella se hicieron más propios, como LA Gran Manzana. En “Un verano en Nueva York”, el Gran Combo de Puerto Rico transformó a Bear Mountain en la Montaña de Osos y a Brighton Beach en una “Playa de Cien Brillos”, al tiempo que invitaba, el Cuatro, a un desfile borinqueño y a una fiesta folclórica en el Parque Central.

Los sonidos afrocaribeños también nos permitieron conocer que en Panamá se baila una Murga, o que en México, además de las rancheras, también gozan con el Guaguancó cubano.

Mientras los libros permanecían mudos para muchos, la música y su “falta de urbanidad” hicieron que millones de latinoamericanos aprehendieran, por primera vez, nombres que en la medida en que fueron escuahdos y bailados también fueron propios. Estos ritmos formaron una sociedad perfecta con los pies y pusieron los corazones en movimiento.

Fue esta música afrocaribeña la que se transformó en el hilo que volvió a unir esa gran nación fragmentada a la que muchos llamamos Patria Grande.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

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