//
estás leyendo...
Artistas

Las ‘doce potencias’ de Raphy Leavitt

El número telefónico de Rafael Ángel Leavitt Rey puede encontrarse en cualquier guía telefónica de Puerto Rico. En su casa, en Bayamón, atiende una voz cordial que no pregunta siquiera quién solicita al hombre que compuso el segundo himno de ese país y, quizás, el primero de los latinoamericanos.

Raphy Leavitt, el director de La Selecta de Puerto Rico

Rafael Ángel Leavitt Rey es Raphy Leavitt, director de La Selecta de Puerto Rico, el conjunto musical detrás de “Jíbaro soy” y “Siempre alegre”, dos canciones que se incorporaron al repertorio popular del Continente con la fuerza de las leyendas, y pese a que fueron creados en la década de los 70, para cualquier boricua es difícil imaginar una época en la que no existieran.

Hablar con Raphy Leavitt es hablar con sus canciones, y no solo porque sea fácil escuchar una sonrisa a través de sus palabras cuidadosamente pronunciadas, ni tampoco porque él mismo se defina como un “humilde jibarito”. En su voz -la que rara vez se escuchó en 40 años de éxitos de La Selecta, dominados por el histrionismo vocal de Sammy Marrero- va implícita la intención de transmitir un mensaje, la misión que asumió en 1970 cuando fundó a La Selecta y se convirtió en un profeta de la música afrocaribeña.
La tercera no fue la vencida en el caso de Raphy, sino el triunfo, pues después de probar con “Los señoriales” y “La Banda Latina”, dio con el vehículo del mensaje que quería llevar al mundo.

“Cuando estoy terminando mis estudios en la Universidad de Puerto Rico pienso que es el momento preciso para demostrar, de una vez por todas, que esta música que llamamos salsa puede ser enriquecida con unas canciones que lleven un mensaje profundo de contenido social a la humanidad”, asegura, y en ese momento salen orgullosas de su boca las palabras: “La Selecta de Puerto Rico”.

“¿En qué iba a ser Selecta? En esas canciones de amor, paz y comprensión que íbamos a presentarle a nuestra gente cual semillas que sembradas en el corazón y el alma de nuestro pueblo iban a producir unos frutos para el beneficio de todos nuestros hermanos latinoamericanos”, argumenta Leavitt como si esas palabras las estuviera leyendo de un manifiesto escrito en su memoria.

Pero no solo el contenido era importante en el proyecto de Raphy Leavitt, también lo era la forma, aquello que en el lenguaje musical se conoce como “personalidad sonora”, esa que tanto escasea por estos días en los que el género fue raptado por rostros engalanados.

“Comenzábamos con una trompeta y dos trombones en los metales, por lo tanto la forma de tocar la música era en forma picada, bien alegre, sin influencias de ritmos que no fueran afrocaribeños”, manifiesta, revelando las cartas con las cuales combatió a un ejército que venía del norte del continente.

“Había un imperio que venía de la ciudad de Nueva York, que se llamó el Imperio Fania”, recuerda Raphy al tiempo que enumera a los gigantes que se asomaban por el cielo latinoamericano amparados por el mayor sello discográfico de la música del Caribe: Héctor Lavoe y Willie Colón, Ray Barretto y Adalberto Santiago, Ismael Miranda y Larry Harlow, seguramente los mismos “rivales cantores” a los que Leavitt les regala flores en “muy sincera amistad” pero que al mismo tiempo les demuestra que él también puede “ser primero”, tal y como rezan los últimos versos de “Jíbaro soy”.

El tema que lanzó a La Selecta al éxito fue “Payaso” en 1971 y aunque Leavitt se declara impedido para elegir un tema favorito, de la misma forma que un padre debe repartir equidad entre sus hijos, es indudable que siente un cariño especial hacia su primogénito. “Es una canción que aún hoy, y luego de 40 años de carrera, nos siguen pidiendo hasta dos veces en los conciertos. En ese momento fue increíble porque era algo que no se había escuchado antes:  un bolero se convierte en son montuno y entonces Sammy Marrero hace unas vocalizaciones largas que aumentan el contenido del mensaje que lleva la canción”.

El 28 de octubre de 1972, la tragedia se sube al bus que transportaba a La Selecta de Nueva York a Connecticut y, bajo una tormenta de nieve, el vehículo sale rápidamente de la ruta, originando un accidente que dejó inconsciente a Raphy Leavitt pero que principalmente cobró la vida del trompetista Luis Maisonet. “Tuve una contusión cerebral en la que empecé a tener las visiones de una cuna blanca”, rememora Leavitt, iniciando el relato de cómo nació una canción que aún hoy suena en funerales desde Puerto Rico hasta Perú.

La “Cuna blanca” se transformó en un homenaje póstumo a Maisonet, a través del cual el director de La Selecta cumplió con el deber que su cargo le exigía-“estar junto a su familia en ese duelo”, repite, aún con dolor.

La Selecta fue al cielo y narró el adiós de Maisonet; bajó al Barrio y narró el penar de “El Solitario”; una vez allí, emprendió un vuelo por todo el Continente para recordarnos que “la vida se va y no vuelve” con “Siempre alegre” y posteriormente unió a los latinoamericanos a través de su fe con “El buen pastor”. Cada uno de estos temas, y muchos otros de su repertorio, nunca más podrán ser llamados simplemente “canciones” pues formaban parte de ese mensaje que Raphy Leavitt y sus “doce potencias” se propusieron llevar a todos los rincones de América Latina para que una vez entregado se propagara y fuera de todos y de nadie.
Raphy Leavitt fue, y aún hoy sigue siendo, un hombre convencido de que debe llevar “un mensaje a la humanidad”- parafraseando a “Somos el son”- pero como suele suceder a estos profetas pelea batallas que parecen imposibles de ganar.

Primero derrotó la indiferencia y los prejuicios hacia la música autóctona de Puerto Rico; luego desafió valiente al “Imperio Fania” y en una hasta le ganó una pulseada a la muerte.

En la actualidad sigue peleando, contra la dinámica de explotación de las casas discográficas, pero cualquiera sea el resultado de esa batalla, la mayor lucha de él y la Selecta ya está ganada: su nombre jamás podrá ser devorado por el tiempo que olvida lo que come, pues él le sacó una sonrisa a nuestra historia latinoamericana y la puso a bailar.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: