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Artistas

Barretto, un héroe de dos mundos (Parte I)

El camino que de la llamada salsa conduce al jazz ha sido transitado por muchos artistas: Tito Puente, para nombrar al más famoso, Mongo Santamaría, Ruben Blades y hasta Bobby Cruz caminaron esos pasos. Sin embargo, el camino inverso solo ha sido recorrido por un único maestro: Ray Barretto.

Raymond Barretto Pagán, quien pasó a la historia de la música universal bajo el nombre artístico de Ray Barretto, nació en el barrio neoyorquino de Brooklyn  el 29 de abril de 1929. De padres puertorriqueños, Ray recibió influencias de ambas orillas desde muy pequeño: de día escuchaba a Bobby Capó, Daniel Santos y Los Panchos, mientras que a la noche sus oídos eran encantados con las melodías de Duke Ellington, Charlie Parker y, principalmente, Dizzie Gillespie.

Y fue este hombre, quien transformó la historia del jazz, el que también revolucionó directa e indirectamente a la música afrocaribeña. La forma de hacer música de Gillespie la que atrapa a Barretto en los sonidos latinos, a los cuales ingresa –al contrario de lo que sucede con otros músicos- a través de los ambientes del soul y el jazz.

En 1961 lanza su primer álbum como director de orquesta, “Pachanga with Barretto”, luego de haber tocado al lado de las grandes leyendas de la época como John Conltrane, Genne Ammons, Gillespie y Puente, entre otros.

Luego de Pachanga llega Riverside y posteriormente “Charanga moderna”, un tren de éxitos que renovaron la música latina pero que transportaba a un pasajero histórico cuyo destino era ser el primer tema puramente latino en ingresar en las listas Billboard: hablamos, por supuesto, de “El Watusi”.

La década de los 60 es un cultivo de inspiración para Barretto y en 1968 es reclutado por Fania Records, el mayor sello discográfico de la música latina, con el cual lanza “Acid”, un álbum que significó uno de los grandes hitos de su carrera, donde el jazz y el sonido afrocaribeño sonríen de la mano.

En su segundo trabajo para Fania, “Hard Hands”, Barretto se gana el apodo que lo haría famoso: “El rey de las manos duras”, gracias a unas manos que parecían genéticamente modificadas para tocar las congas como ningún otro podía hacerlo.

Una de las mayores virtudes de Ray fue la de construir puentes entre lo latino –en la acepción más norteamericana del término- y lo latinoamericano. De su genialidad brotaron éxitos del jazz como Acid, pero también del más puro guaguancó como “Quítate la máscara”.

Al año siguiente, 1972, vuelve a tocar los cielos con un “álbum-canción-himno” llamado a modo de celebración, “Qué viva la música”, el mismo que inspiró el título de la novela de Andrés Caicedo, y en el cual el compositor cierra su segunda etapa musical con la orquesta que lo venía acompañando desde hace una década, identificada con la voz de Adalberto Santiago.

La disolución de su orquesta fue un golpe difícil de asimilar y decide hacer una pausa en los sonidos latinos y pasar a la “otra calle”. Es precisamente “The other road”, el nombre de su álbum de 1973, grabado totalmente en ritmo de jazz y “producido en una sola noche”, según confesó en una entrevista.

Sin embargo, el mundo latino no podía echar más de menos su creación musical y en 1974 es invitado a un monumental concierto en el Yankee Stadium de Nueva York, donde protagonizó un duelo de congas inolvidable con Mongo Santamaría, el mismo músico que casi 20 años antes le había dejado lugar para que integrara la orquesta de Tito Puente.

Años más tarde, en 1975, y como si le faltaran hechos históricos a su carrera, Barretto publica en el “disco rojo” llamado únicamente “Barretto” y en cuya pista número ocho, en el tema “Canto Abacuá”, debuta en su orquesta un cierto Rubén Blades.

Comprimir una de las carreras más ricas de la música afrocaribeña en 10 minutos de podcast y algunas líneas escritas es imposible; en 20 puede ser igualmente difícil pero al menos nos permite escuchar un poco más de una de las mentes más brillantes de nuestra cultura caribe. Por eso, vamos a dejar aquí por hoy y en la próxima oportunidad volveremos para traerles la segunda parte de esta entrega sobre Ray Barretto, en sus años de madurez, cuando alcanza su esplendor artístico.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

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