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Canciones

El muerto al hoyo, el vivo al baile

El Caribe suele ser sinónimo de alegría: el imaginario más común es el de una tierra besada por el sol donde maravillas naturales desbordantes son honradas con las danzas de una población en eterno éxtasis.  Su música es la máxima expresión de este imaginario pero también es el vehículo de expresiones más melancólicas.

Portada del álbum "Jíbaro soy" de Raphy Leavitt y La Selecta

Portada del álbum "Jíbaro soy" de Raphy Leavitt y La Selecta, intérpretes del himno de la felicidad caribeña, "Siempre alegre"

“La vida es bonita”, tema interpretado por el puertorriqueño Héctor Lavoe, es uno de los ejemplos de ese canto de la esperanza que envuelve a la música del Caribe pero también a la brasileña. Los ritmos del país del mato grosso se cuelan en este himno a la ilusión como una banda sonora de la felicidad. La canción fue compuesta en 1985 y cantada por un hombre que, como Lavoe, tuvo una de las vidas más infortunadas que un ser humano pueda relatar. Lavoe murió en 1993 esperando que su suerte cambiara.

“El día de mi suerte”, tema de 1973 cantado también por Lavoe, es un “desesperado canto de esperanza” en la voz de un hombre cuya vida parece ser un sinfín de desgracias pero que, pese a ellas, espera con ansias la fecha de vencimiento de la desdicha.

Esta canción nos sirve para meternos de lleno en nuestro tema de hoy: los sonidos de la alegría y de la tristeza, las dos caras de un cancionero, como el de la música afrocaribeña de los Años Dorados,  que celebró y condenó la vida por igual, pero que nunca dejó de bailar.

Si buscamos alabanzas a la felicidad, un tema obligado es “Siempre Alegre”, uno de los clásicos del conjunto de Raphy Leavitt y su orquesta La Selecta.  “Siempre alegre” invita a sonreírle a la vida de frente, un carpe diem con fiesta que advierte cómo “La vida se va y no vuelve”.  El intérprete del tema es Sammy Marrero, voz principal de la Selecta de Raphy Leavitt, quien por tramos evoca el carisma de Celia Cruz. Sin embargo, esa misma voz fue usada para cantarle a la desgracia pero de una forma muy particular.

“La cuna blanca” es otra de las canciones inmortales de Raphy Leavitt, dedicado al trompetista Luisito Maisonett, de La Selecta, quien murió en 1972 víctima de un accidente automovilístico. En el tema, se compara al difunto con un ángel protector y se prohíbe tajantemente llorar su partida.

Henry Fiol, autor de temas claves de la melancolía caribe como "Ahora me da pena" y "Mala suerte"

Henry Fiol

Este tema alcanzó un éxito inmenso que lo inscribió inmediatamente en la cultura popular como un himno con el que se agasaja al muerto en su propia tumba. Esta misma concepción de la muerte, cual motivo de celebración del cual la tristeza está vedada, se encuentra en otra canción de la parte más baja del Caribe. Piper “Pimienta” Diaz de la orquesta colombiana Fruko y sus Tesos le puso su voz a una canción-testamento en la que el protagonista prefiere que el día de su muerte le cambien “llantos y rezos” por baile y aguardiente.

Pero sí Fruko le sacaba una sonrisa a la muerte y la convertía en prórroga de la fiesta de los vivos, los hermanos Lebron daban la versión más pesimista de la existencia y sentenciaban que “Por cada risa hay diez lágrimas”. Este lamento donde los violines del conjunto puertorriqueño suenan como lágrimas que caen sobre los bongós de Ángel Lebrón rebaja la felicidad a una hipoteca de intereses altísimos en el que el hombre cada episodio de alegría lo debe padecer exponencialmente.

La desdicha es tan suprema que el protagonista se pregunta, amargamente, qué sentido tiene continuar una existencia que se sabe destinada al sufrimiento.

Pero la desgracia no es un monopolio de los nacidos en el Caribe. Al norte tampoco la pasaban nada bien, ya desde aquellos años. Henry Fiol plasmó en pocas palabras la lucha diaria para los latinos en las calles de Nueva York con el tema “Ahora me da pena”, de 1980, donde su voz melancólica reporta el hartazgo de ese “sueño americano”.

Pero la pieza maestra de la frustración y la desesperanza es “Mala suerte”, también de Henry Fiol, una canción en la que de una forma tragicómica se narra la insólita desventura de un protagonista desconsolado, quien se entrega al azar sin ningún tipo de fortuna.

Lamentos y carnavales pueblan el cancionero latinoamericano de los Años Dorados, con artistas que lloraron desgracias personales y colectivas pero que, pese a un mensaje por algunos momentos pesimista, siempre estuvo acompañado de una música que evangelizó a la adversidad convirtiéndola en pista de baile.

Acerca de juferoes

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, editor de un conocidísimo portal online (que seguramente alguna vez has visto), apasionado de tecnología móvil y de música afrocubana. Mi escritor preferido es Andrés Caicedo y la mejor película que he visto en mi vida (creo) es La Hora 25 de Spike Lee.

Comentarios

2 comentarios en “El muerto al hoyo, el vivo al baile

  1. Amazing Job!!! esto merece que se conozca en las grandes ligas ya!

    Publicado por Sergio R. | octubre 8, 2011, 3:11 pm

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